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Córdoba, uno de los enclaves de España en los que se hace evidente el paso del tiempo. Pocas ciudades han conservado tan bien los vestigios de las culturas que gobernaron durante tantos años. Por ejemplo, el Puente Romano, y los pilares dispersos y murallas dan testimonio de la importancia de la ciudad en la época romana. O durante la prospera ocupación árabe, Córdoba fue la ciudad más grande en el mundo.
La esencia de Andalucía reside en su estampa. Casas blancas a lo largo de sus estrechas calles esconden patios serenos y floridos son visitados asiduamente en primavera. El cante jondo, un estilo de cante flamenco, todavía resuena y hace eco en la ciudad.
La mayoría de los lugares de interés y monumentos están agrupados en la Judería, un laberinto de antaño y que te traslada a otra época, situada entre la Plaza de las Tendillas, la plaza principal de Córdoba, y el río Guadalquivir. Aquí se encuentra el símbolo de la ciudad, La Mezquita. Una maravilla mística y un regalo para la vista; 850 pilares de mármol, alabastro y piedra soportan los 425 arcos rayados de dos pisos. Desde la torre, los visitantes pueden ver claramente cómo la conversión en una catedral del siglo XIII resultó en una yuxtaposición incongruente de estilos que te dejarán con la boca abierta.
No solo Córdoba te enamorará por su cultura histórica, su cultura gastronómica terminará de encandilarte. El casco antiguo, ideal para tapear e ir de bar en bar para probar un fino seco o un dulce Pedro Ximénez, vinos más famosos de la región. Te sobrarán razones para visitar durante días este rincón del país. Una ciudad que invita a soñar.